Evaluar para aprender ¿es realmente necesario?

¿Cuál es nuestro eje a la hora de evaluar? ¿Cómo calificamos? ¿Qué sistema usamos y qué otro podríamos usar? ¿Cómo podríamos mejorarlo? ¿Vale la pena modificarlo? Estas preguntas son los disparadores de un grupo de investigadores para invitar a los docentes a planteárselas e intentar buscar algunas posibles respuestas o al menos comenzar a esbozarlas.

Sin duda evaluar es clave, es la forma en que los otros reciben nuestro mensaje de qué esperamos de ellos. A través de la evaluación, los docentes pueden mejorar su propia forma de enseñar y ayudar a los estudiantes en sus avances.

El eje de la evaluación formativa no es calificar sino ayudar al estudiante en el avance de su aprendizaje. Partiendo de esta definición es que este curso introduce al docente en las distintas fuentes teóricas de la tarea evaluativa; evaluar para aprender, para mejorar, para comprender y para fortalecernos.

El procedimiento evaluativo muchas veces es subjetivo, casi artesanal y con varias mezclas en el mismo, lo que no quiere decir que sea malo; por contrario, es bueno saber desde dónde parte el docente para reflexionar, visualizar y analizar y para ver qué cambios se pueden introducir para facilitar los procesos educativos. Intentar hacer lo mejor que se pueda a partir de cómo se está, es un buen inicio.

Simplificar las multitareas

Vivimos en tiempos de multitasking (múltiples actividades a la vez), lo que implica obligar a la mente a cambiar de objetivo muy deprisa, con el consiguiente estrés y agotamiento que produce conectar y desconectar constantemente; una realidad que muchos docentes viven. Contar con herramientas que permitan evaluar metodológicamente y en forma sistémica permite liberar la energía para lograr la concentración necesaria y vital a la hora de evaluar.

La ciencia nos permite afirmar que la razón es una parte mínima de nuestro cerebro; la inmensidad del mismo está ocupada por las emociones y la intuición. Del mismo modo, nos permite conocer el complejo funcionamiento de esa especie de «Súper Ordenador» que es nuestro cerebro; apenas conocemos una ínfima parte y sabemos que trabaja en forma consciente e inconsciente, permitiendo realizar distintas acciones complejas a la vez. Esta capacidad de divagación «parece ser el modo operativo por defecto del cerebro», explican Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert, de la Universidad de Harvard (Cambridge, EEUU) en las páginas de la revista ‘Science’.

Las experiencias más placenteras son aquellas que nos absorben en cuerpo y alma, y vaya que la tarea docente es una de ellas. Este curso de Evaluar para Aprender intenta dar las herramientas necesarias para que el docente profundice en la profesionalización de su gestión, involucrando a sus alumnos y reflexionando sobre las estrategias que favorecen el aprendizaje.

Herramientas: ejemplos de tipos de evaluación

En este curso se incidirá en la utilización de rúbricas, carpetas de aprendizaje y dianas, dando especial importancia a su diseño y aplicación.

Las rúbricas ayudan a evaluar el aprendizaje del alumnado haciendo partícipe a los propios estudiantes mediante la autoevaluación. Es un documento que especifica los diferentes niveles de calidad de una tarea o proyecto, aportando una devolución al alumnado sobre el desarrollo de su trabajo durante el proceso y una evaluación detallada sobre sus trabajos finales. Es una notable herramienta que funciona como guía para el alumno, involucrándolo en el proceso de aprendizaje y en lo que se espera de él. Funciona muy bien en todos los niveles educativos.

Las carpetas de aprendizaje, también conocidas como portafolios, son un recurso muy conocido y utilizado desde la década de los 80 en los distintos niveles educativos. Se destaca la experiencia de las escuelas Montessori por ser una de sus primeras y más difundidas prácticas y en la actualidad los niveles terciarios la han incorporado de forma más que satisfactoria. Se trata de una colección de documentos sobre el trabajo del estudiante que exhibe su esfuerzo, progreso y logros; permite identificar los aprendizajes de conceptos, procedimientos y actitudes de los estudiantes e ir introduciendo cambios durante el proceso, en caso necesario.

La diana de evaluación es una técnica muy visual, rápida y participativa. Es un dibujo de círculos concéntricos que varían su tamaño (de ahí su nombre); en el centro se sitúa el valor “0” (cero) mientras que el valor mayor de la evaluación se sitúa en los bordes de los círculos exteriores. Su ventaja principal es que se visualiza rápidamente el progreso del aprendizaje y los puntos a mejorar, aportando comentarios que enriquecen e implican a los alumnos reflexionar sobre sus progresos.

Rol del docente en la evaluación y el aprendizaje

Durante el desarrollo del curso, además de comentar y profundizar en las distintas bases teóricas de los procesos evaluativos y formativos, veremos el papel fundamental del docente en los mismos. Las diferentes herramientas analizadas y trabajadas ayudarán en la ilustración de la redacción de objetivos, la clarificación e indicadores de evaluación. El curso de Evaluar para Aprender es una gran invitación al docente para avanzar en el camino de la superación.